2 oct 2007

Selecciones y otros desastres


Aqui tenemos algo que he leido hoy en lavanguardia y que mas de un charlatan que quiere selecciones catalana, debiera lee xDDDDD:

Este fin de semana las selecciones nacionales han demostrado sus limitaciones. Para muchos barcelonistas, las selecciones siempre han sido un estorbo. Interfieren en la normalidad y obligan a sus jugadores a un desgaste que perjudica al club. Si a eso le sumamos la yuxtaposición de estímulos identitarios de la Catalunya actual, la cosa se complica.

Se da por sentado que ser culé implica una dosis añadida de catalanismo, lo cual, en caso de ser cierto, implicaría un militante distanciamiento de la selección española. La española, además, se personifica en figuras que, elegidas al azar, no invitan precisamente a la adhesión: Ángel María Villar, Luis Aragonés y Manolo el del Bombo. Por si eso fuera poco, el creciente independentismo ambiental (no tanto electoral) en el que estamos inmersos desaconseja mostrar simpatía por nada que tenga que ver con la España del toro y del A por ellos, oé. La naturaleza plurinacional de la plantilla del Barça facilita esta distancia, ya que incluye a más internacionales franceses que españoles.

Si, a falta de otros partidos que llevarse a la boca, uno decide disfrutar con la participación de Iniesta o de Bojan en las selecciones españolas, deberá ser prudente y no manifestar grandes entusiasmos cuando les vea empatar contra Islandia o perder la final respectivamente, a riesgo de ser mal interpretado.

En este contexto, la polémica que rodea el partido Catalunya-EE.UU. ayuda más a derruir puentes de concordia que a mantenerlos. El delirante marco jurídico de las federaciones propicia toda clase de demagogias e hipocresías. Pero, suponiendo que fuera posible disfrutar de una selección catalana legalizada, operativa y no criminalizada, ¿deberíamos verla con buenos ojos los barcelonistas? Cuando Pere Gratacós convocara a Bojan, Oleguer, Puyol, Xavi o Valdés, ¿deberíamos maldecirlo o felicitarlo en nombre del patriotismo común?

Alrededor de la selección catalana conviven encomiables voluntades de normalización con oportunismos bastante más discutibles. Las chapuzas que han precedido ciertos momentos de su historia reciente no contribuyen a dignificarla, y si la actuación de la Federación Española presidida por Villar resulta a menudo arbitraria e incomprensible, la de la Federació Catalana de Jordi Roche tampoco le va a la zaga.

Como consecuencia de este alud de circunstancias desfavorables, muchos aficionados no pueden vivir con normalidad la adhesión a su selección porque a) la que existe, española, no les representa (se sienten avergonzados por sus mandamases y simbología), b) la que no existe, catalana, tampoco les representa (no simpatizan con la metodología de sus dirigentes) o c) reparten sus simpatías entre la catalana y la española, con los riesgos que, como prevenía el bolero, supone querer a dos mujeres a la vez.

Esta doble anomalía refuerza la aureola catalanista del Barça, que con su involuntaria hipertrofia identitaria ensombrece la diversidad asociativa del fútbol catalán y retrasa su normalización institucional. ¿Resultado? Un club que, por exceso, centraliza la atracción simbólica nacional y, por otro lado, una selección atrapada entre la afilada espada de los que la impiden crecer y la rugosa pared de los que, por negligencia, impotencia o incapacidad, sólo consiguen mantenerla en el nivel de las buenas intenciones y de los actos testimoniales.

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